Xánara

-¿ Por qué no lo entiendes, o no lo quieres entender? ¿Por qué las respuestas a todos los problemas la tengo que dar yo, sin la ayuda de nadie, es decir, sin tú ayuda? ¡Déjame vivir y tomar mis propias decisiones, no quiero que me influyas y me obligues a hacer algo que no quiero! Tal vez, haces esto, porque sabes que conmigo no vas a tener consecuencias, que me callaré y no te diré nada y seré yo, quien asuma las consecuencias de tus decisiones, pues siempre soy yo, quien da la cara por ti. Pues eso, querido mío, se llama cobardía y ya estoy harta, y por fin, soy lo bastante valiente como para poder decírtelo a la cara y además, ya no tengo miedo de tus consecuencias. Pues he aprendido que detrás de estas paredes, hay una nueva vida que me está esperando. Le dijo Xánara a su pareja, con valientes palabras, pero con una pequeña mueca de miedo en sus ojos.

Y en ese preciso instante, se dio cuanta de que por fin, después de tantos años, era libre y descubrió que no sabía qué hacer con esa libertad.

Aprovechando que su pareja estaba en shock, pues nunca se hubiera imaginado que su dulce Xánara le dijera esas palabras, salió de casa y observó que aunque eran las mismas calles, casas, tiendas… había algo en ellas que hacían que le parecieran totalmente diferentes.

Paradójicamente, experimentando su libertad se encontraba perdida, desubicada y buscó su camino en casa de su amiga, pero doy la casualidad que esta no se encontraba allí y otra vez más, no sabía a dónde ir. Por lo que se sentó en el primer banco que encontró y simplemente, observó cómo pasaba la vida a su alrededor. Vio a un niño regordete jugando con una pelota y el padre gritándole porque ya era hora de volver a casa. También observó, en el banco contiguo, a unos adolescentes besándose y parecía que a ellos, al igual que al niño, el tiempo se les detenía.

Y sin embargo, a ella, el tiempo se le pasaba rápido, casi agobiante y sin saber que hacer.

Y cuando por fin, se decidió a hacer algo: levantarse de ese banco e ir a una heladería, pues le apetecía un helado; ya que su pareja le controlaba hasta lo que comía. Se lo encontró, delante de ella y con cara de pocos amigos.

En un movimiento rápido, agarró a Xánara de los brazos y la empujó hacia él, acción de la que tantas veces la tenía acostumbrada. Pero en ese mismo instante, ella gritó e intentó zafarse, acto que nunca antes había hecho, pero es que ya no era la misma chica de siempre.

Y fue gracias a los gritos de ella, que esa pareja de enamorados adolescentes, rápidamente fueron a ayudarla, tal vez, fuera por la impulsividad de la edad o porque experimentaban un auténtico noviazgo, hicieron que su pareja saliera corriendo y se retractara como lo que era, un cobarde que nunca tomaba las decisiones directamente, sino camufladas en otra persona.

Publicado por Mayttet

Disfrutemos de la escritura.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: