Micro relatos

Cuatro elementos

– Al igual que el agua, fluyendo por diversos lugares, atravesando pendientes, prados… y siempre desembocando en la mar, vuestro amor atravesará momentos difíciles y siempre os reencontrareis.

– Al igual que el fuego, que calienta en las noches frías y también provoca incendios, vuestro amor se llenará de pasión.

– Al igual que el aire, que puede ser como una suave brisa o como un gran huracán, vuestro amor también sufrirá cambios bruscos.

– Y finalmente, al igual que la tierra, que se puede desquebrajar o ser firme, dependerá de vuestro amor construir futuros cimientos.

Arco gótico

Lo que más le gustaba de su casa, era el imponente arco gótico, que te daba la bienvenida cuando entrabas, a través de el, observaba la vida pasar: veía las inocentes sonrisas de los niños y las pícaras sonrisas de los mayores. Las pausadas conversaciones de los ancianos y las precipitadas conversaciones de los jóvenes. Un mundo lleno de contrastes, del cual él, ya no formaba parte, pues su debilitada salud, se lo impedía. simplemente, se conformaba con estar allí, sentado al lado de su majestuoso arco y observar. Si tenía suerte de que nadie le vigilara, aprovechaba la situación, para disfrutar de un buen vaso de whisky añejo.

Su tiempo de aventuras, había terminado, solo le quedaban sus historias y no dudaba en relatárselas a sus nietos, siempre que tenía ocasión de hacerlo. Pues quería construir un legado, ya que su frágil cuerpo pronto descansaría.

Un día, unos nietos alegres y sedientos de historias, vieron esa vieja mecedora del abuelo vacía, el arco majestuoso ya no les causaba admiración, y en esa mesita, donde apoyaba su whisky, había una nota, dirigida hacia ellos:

«Muchas han sido las aventuras que he vivido, algunas con final feliz y otras con finales muy distintos. Muchas han sido las veces que me he equivocado, y muchos han sido los problemas que he tenido, ya que detrás de un final feliz, hay errores, dificultades…pero siempre he buscado una solución, nunca me he rendido. Algunas veces errónea otras veces acertada; pero siempre he elegido la opción que me dejaba dormir tranquilo.

Construid, vuestras propias aventuras, pues aunque ahora no lo creáis, algún día, disfrutaréis de una buena copa, una buena mecedora y unas sonrisas pícaras. Pues la vejez,o la fragilidad de vuestro cuerpo, os llegará, y recordaréis vuestras aventuras con orgullo, disfrutad de ellas, con prudencia y cabeza. Ya que estoy convencido que una buena historia es aquella que hace que vosotros, mis nietos sonriáis».

Poder de familia

Con dificultad, consiguió abrir los ojos, y descubrió que su mundo, ese el que ella recordaba, había cambiado. Tan solo habían pasado unos pocos días, apenas dos semanas. Pero para ella le parecieron años.

Lo primero que vio, fueron unas manos robustas, y un poco sucias, tocándole suavemente su cara. Las reconoció de inmediato, pues cuántas veces le había gritado a su hijo por tener unas uñas con tierra incrustada. Pero él se dedicaba a los trabajos de labranza. Y siempre le contestaba diciéndole: que él, era parte de la tierra, y la tierra parte de él.

A continuación, vio a su marido, y lloró, la emoción pudo con ella, pues en estos días de “letargo”, su sonora voz era lo único que con dificultad percibía.

Ni siquiera era capaz de emitir, las más sencillas palabras, y ya era consciente de que su lucha acababa de empezar, pues ni su hijo, ni su marido la habían abandonado en su batalla.

La felicidad del esfuerzo

Se levantaba al alba, y se deleitaba viendo los primeros rayos de luz, atravesando las hojas de los olivos. Era su momento de reflexión y relax, pues su día empezaba. La tierra le esperaba.

Cultivaba la huerta con sus propias manos, con su propio cariño y esfuerzo, día tras día. No poseía grandes lujos, pero en cambio era capaz de cultivar variadas y exóticas plantas y hortalizas, que no eran típicas de su clima. Su mimo y su dedicación le llevaron a ser el mejor agricultor de la región.

Compartía sus recompensas en forma de celebraciones con sus vecinos y familiares. Disfrutaba presumiendo de su esfuerzo, pues él no entendía la agricultura extensiva. Le gustaba trabajar como antaño, lo hacían sus padres, sin ningún producto químico, pero no obstante, se aprovechaba del mundo moderno con los nuevos aparatos de labranza, transmitiendo así el recuerdo de sus antecesores.

Su querida infancia

A pesar de sus debilitados huesos y su avanzada edad, su fiel cayado nunca le abandonaba. Con la ayuda de ese simple palo, recorría las calles de esa ciudad, que con el paso del tiempo tanto habían cambiado.

Con pasos lentos pero firmes, transitaba por aquellas calles, que en su día las vio nacer. Ya no quedaba nada de aquel descampado, en el que tantas veces se había caído  jugando con sus amigos. Ahora se ha convertido en la tienda de Paco, en la peluquería de Andrés, en la casa de María… ese mundo quedó atrás, las nuevas generaciones vienen pisando fuerte. Vienen con ganas de luchar. Y no puede evitar que su mente le traslade a su infancia. En cómo ha cambiado su ciudad en relativamente tan pocos años. Cuando estaba en aquel descampado con sus amigos, y oían el motor de un coche, de repente, el juego se detenía, pues era toda una expectación ver un automóvil en ese lugar y sin embargo, ahora, forman parte del día a día de las calles de su ciudad.

Su querida ciudad evoluciona, cambia, se desarrolla y él se siente muy orgulloso de ello; pero en su foro interno siempre añorará esa infancia querida.

Julia

Vestida con sus mejores galas, pues su belleza era legendaria. Julia se dirigía al anfiteatro. Su carruaje iba lento, ya que la cuidad rebosaba vida. Cuando llegó a su destino, del brazo de su padre, se sentó en su butaca privilegiada.

Desde allí, observó a las personas. Pudo ver al populacho, sediento de sangre y disfrutando de su hogaza y  su vaso de vino. Y también observó a los senadores, que aunque no lo parezcan, porque deben guardar las formas, también estaba sedientos de sangre y también disfrutaban de un buen vaso de vino y refinados manjares.

Ella era consciente de la distinción de clases, pues sabía que sin los esclavos no podría vivir, no quería ni debía realizar las tareas que ellos hacían.

¿Y las demás gentes del populacho? Aquellos mercaderes, artesanos… que nacieron romanos y no provienen de familia con renombre, aquellos también, ¿hay que menospreciarlos? Su grupo social, los degradan, alegando que son parte del vulgo. Pero realmente se sienten amenazados por ellos, porque sin ser de familias con renombre, consiguen tener cierta reputación, y esto es algo que ellos, nunca jamás lo permitirán. Pues vivir sin trabajar es un privilegio que debe seguir entre la élite.

Cuando salieron los gladiadores al anfiteatro, el público se volvió loco. Allí estaban unos hombres fornidos y musculosos, tratados como si fueran dioses, por un público borrego que lo único que quiere es distraerse de su pésima vida y esta es una forma de desahogo. En el fondo los senadores, no lo hacen mal. Crean juegos, burdeles y distracciones para que no existan revueltas, y así se garanticen que sus bienes siempre estarán a salvo.

El espectáculo comenzó, y como era de esperar, el gladiador equipado con las mejores armas y entrenado para estas luchas, venció al gladiador esclavo que habían capturado en la última campaña. Triste y trágico final el del esclavo, después de que unos extranjeros invadan tu pueblo y batalles por lo que es tuyo: por mantener la libertad, tus propiedades, tu familia… te asesinan por diversión en una ciudad que nunca representará tu forma de vida.

Un jazmín a mi amado

Por ti,
mi vida y alma vendería.
Es tanto lo que siento,
que muero,
pensando que algún día te tengo,
pensando que tú también me tendrías.
Yo iría al jardín de María,
cortaría el jazmín más hermoso
y te diría:
“contigo yo viviría,
en esa morada del jardín florido y hermoso
dispuesta para mi, tu bella amada”.

Disfrutando juntos, de mi pasión


¿Cómo llamas a este blog? ¿Mayttet, haciendo hincapié en las dos tt? ¿Mayte te, como si acompañaras la lectura tomándote una taza de té? ¿O tal vez, de otra forma distinta?

No hay una respuesta correcta; lo único que pretendí con este nombre, es que juntos, disfrutemos de la escritura, y tal es así, que ya hemos cumplido un añito.

Me inspiráis a escribir y se está convirtiendo en mi pasión. Antes de empezar con el blog, la escritura, era mi hobbie, ahora es mucho más que eso. Ahora, entiendo el poder de las palabras, el poder de la pluma.

Así que, querido/a lector/as, muchas gracias por estar aquí.

Temida soledad

Desalentada y sin saber qué hacer, se puso a deambular por la estancia. Triste, abatida el mundo le parecía grande, enorme. No podía pensar con claridad, su mente estaba en otra parte, a cientos de kilómetros de allí, pues se había marchado lejos, muy lejos de su lugar de origen, y ahora echaba de menos a esa familia que le hizo emigrar. A esa familia, que noche tras noche la humillaba, pero aun así, les echaba de menos pues ya se había acostumbrado a esas humillaciones.

Pensó que cualquier sitio sería mejor que aquel, que nunca podría ir a peor, hasta que conoció la soledad. Sentimiento que nunca había experimentado. Y que le costaría bastante desprenderse de el.

Un sueño roto

Con una bonita sonrisa en su rostro, y con su simpatía que tanto la caracterizaba, atendía a sus clientes.

Desde muy pequeña la moda le apasionaba, por lo que no es de extrañar que ahora, tuviera su propia tienda de ropa.

Trabajaba incansablemente, pues su trabajo le apasionaba. No le importaba quedarse hasta tarde para hacer inventario. Incluso, algunas veces cenaba en la tienda. Hecho que ni a su pareja ni a su pequeña hija, les hacía ni pizca de gracia.

Pero un día descubrió, que sus piernas estaban demasiado cansadas para cambiar los looks de los maniquíes del escaparate, o para atender a sus clientas.

También experimentó, que cada vez le costaba más esfuerzo físico, preparar su negocio para la siguiente jornada. Hasta que un día, ya no pudo más, y se vio obligada a dejar a su “hijo” en manos ajenas. Hecho sumamente doloroso para ella, pues a pesar de su entusiasmo y fuerzas de flaqueza, no era capaz de seguir trabajando.

Ya que, se sentía exhausta, abatida, agotada… llegó un momento en el que cualquier esfuerzo físico la debilitaba, y es aquí donde añoraba esos días, en los que ella era autónoma, podía realizar cualquier actividad por sí misma, y ahora ni siquiera era capaz de poder ir a la panadería de enfrente de su casa, cuya dueña se probaba y adquiría tantos vestidos en su tienda, y poder comprarles el pan a su familia y así agradecerles que después de tanto y tanto trabajar lo único que le queda es el cariño y la comprensión de sus seres queridos.

La responsabilidad de la madurez

Sintiéndose abrumado, pero a la vez ilusionado, observando todo lo que ocurría a su alrededor para así, poder memorizarlo, pues no quería que se le escapara ningún detalle por nimio que fuera. Había luchado mucho por conseguir su trabajo soñado; y ahora, en su primer día no quería defraudar.     

Eran muchos los datos que debía aprender y no los quería olvidar, no debía hacerlo. Quería ser el mejor y para ello debía estar atento a todo lo que ocurriera a su alrededor.

No quería defraudarse a sí mismo. Quería salir de allí con la cabeza bien alta, con una satisfacción por el trabajo bien hecho, que le invadiera todo el cuerpo. Esa sensación que cuando la experimentaba le hacía sentirse bien, le hacía sentirse él mismo.

Él se veía cualificado para ese puesto y sabía que era capaz de hacer algo grande, muy grande. Pero a la vez, también se sentía agobiado por todo lo que ello conllevaba. Ya no era un niño. La madurez había llamado a su puerta y eso solo significaba una cosa: RESPONSABILIDAD. Ya no podría culpar a otra persona por sus actos, ni buscar a mamá o papá para que solucionaran sus problemas, pues el tiempo de juegos había terminado.

Ahora se enfrenta a la vida desde la madurez, y a pesar de su temprana edad, luchará para que sus decisiones tanto en el ámbito profesional como en el personal, sean competentes y responsables.

Esperando el bus de la rutina

Sentada en la marquesina de la parada de su bus habitual; con un café en la mano y los cascos conectados al móvil escuchando su programa de radio favorito, se preparaba para un día más. Siempre las mismas rutinas: trabajo, almuerzo, café con las amigas y vuelta al mismo lugar donde ahora se encontraba, pero con una pequeña diferencia ya no es el bus de ida sino el de regreso a su hogar y una vez allí; se sentaba en su vieja pero confortable butaca para disfrutar de su ratito de lectura, cenaba con su pareja, descansaba del largo día y una vez más, ya estaba de nuevo en su marquesina favorita. Y así, día tras día, hasta llegar el fin de semana.

Dos días libres que se organizaba como ella más lo deseaba. En su mente recordaba una y otra vez, aquel documental de viajes, en el que aparecía esa idílica playita a la que le gustaría ir, pero en un fin de semana no podían realizar ese viaje y además su situación económica se lo impedía. Así que cuando llegaban los fines de semana los disfrutaba con otros placeres más económicos y cercanos, como por ejemplo; una cena romántica en ese restaurante del que tanto hablaban sus amigas o una pequeña escapada a un lugar más cercano y más económico que a esa playa que tanto la idealizaba. Y así, redescubrió sus nuevos fines de semana.

Hasta que llegó el día en el que consiguió ahorrar lo necesario para ir ese idílico lugar y pasar allí esas vacaciones que tanto deseaba. Pero una vez allí, en su paradisíaco lugar, descubrió que su rutina le atrapaba y a pesar de que su pareja no tenía tan idealizada esta playa como ella, si llegó a desconectar de su día a día; pero ella sin embargo, seguía inmersa en ese mundo que se había construido.

Micro relatos enfermedades crónicas y ambientales

Mi caminar

Después de mucho buscar, encontró lo que quería, se encontró a si misma. Estaba sola, aislada del mundo exterior, pero llena de coraje y valor. Estaba a gusto consigo misma, se encontraba en paz.

Después de tantos y tantos años de peregrinaje recorriendo el mundo con una gran coraza a su espalda, por fin encontró lo que buscaba. Por fin, se hallaba feliz y dispuesta a luchar por su nuevo objetivo. Se encontraba pletórica y llena de paz.

Nunca, había conocido esa sensación y se angustiaba por ello, pues nunca conoció lo que es la verdadera felicidad. Mejor tarde que nunca, se decía a si misma. Y siguió regodeándose en su triunfo: la verdadera felicidad, ¿y qué era eso para ella? Pues lo era todo. Era conocerse a sí misma: sus defectos, virtudes, debilidades, ilusiones etc. En definitiva, conoció lo maravilloso y lo insignificante que es un ser humano.

Llevaba años, abstraída del mundo que la rodeaba, llevaba años inmersa en su propio mundo. Y a pesar de ello, pudo deshacerse de su coraza y plantar cara a la vida. Un camino difícil, arduo, lleno de obstáculos pero también de senderos agradables. Un camino, de un solo sentido, en ningún momento se planteaba retroceder, y si así lo hacía era para motivarse recordando los sufrimientos del pasado y comparándolos con los del presente. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Frase en la cual ella discrepaba.

Muchísimas gracias a todos/as los que me ayudasteis a aligerar el peso de mi coraza. Siempre seré enferma, pues mi enfermedad es crónica, pero eso no impide que dentro de mis posibilidades, siga luchando.

Puerta mágica

Desubicada, deambulaba por las calles de diferentes localidades peregrinando de puerta en puerta, pidiendo una pequeña ayuda, sin tener mucha suerte. Harta de la vida que llevaba; pues sus esperanzas se desvanecían cada vez que escuchaba: “lo sentimos, pero quizá allí te puedan ayudar, aquí no”. Nunca encontraba esa puerta mágica que le devolviera, aunque solo fuera, una pequeñita pizca de dignidad que ella tanto anhelaba. No le gustaba pensar en el futuro, pues para ella esa palabra no tenía ningún significado. Solo pensaba en el presente y en esa puerta esperanzadora. Pero ese portón no llegaba nunca, por más que lo intentara.

Hasta que un día, la abrió y no se sintió decepcionada, sino esperanzada.

El “peregrinaje médico” es un camino lleno de obstáculos y dificultades, en el cual, todo el personal sanitario con sus mejores intenciones te reubican a otros especialistas, hasta que encuentras al adecuado para ti. No desfallezcas en esa carrera pues la puerta mágica termina abriéndose.

Diferentes oportunidades

Tantos sueños, ilusiones, pasiones por cumplir. Su vida era como un lienzo en blanco, tantas aventuras por recorrer, frustraciones por descubrir…

Y de repente, un día todo cambió. Sus sueños se desvanecieron, sus ilusiones se entristecieron y ese futuro incierto pero lleno de aventuras, se truncó.

  • Demasiado pronto aprendió, que la vida está llena de obstáculos y que hay que caerse muchas, muchísimas veces para superarlos.
  • Demasiado pronto aprendió, que la vida no la rige tu espíritu sino tu cuerpo.
  • Demasiado pronto aprendió, que la vida está llena de sacrificios.
  • Sin embargo, demasiado tarde aprendió, que la vida está llena de oportunidades, acordes a tus posibilidades.

Que tu salud, no sea una enemiga sino una amiga.

¿Y si no tuviera este regalo?

¿Y si no hubiera estudiado? ¿y si no te hubiera conocido? ¿y si me hubiera mudado al extranjero?…

Cuantos y si hubiera… La vida está llena de ellos, de decisiones. A veces difíciles, otras veces fáciles; pero siempre intentamos solventarlas lo mejor posible.  

Sin embargo, hay algunos y si… que no son fáciles de solucionar. Por ejemplo: ¿y si no hubiera estado enferma? Seguramente, no le hubiera dado tanto importancia a la salud, como se la doy ahora. Pues he descubierto que es un regalo que hay que conservar.

El pasado ya no se puede cambiar, pero sí el presente. Y por eso yo cuidaré de mi tesoro e intentaré tomar mis propias decisiones.

Cárcel de barrotes invisibles

Viviendo en tu propia cárcel de barrotes invisibles, viendo el mundo pasar a través de tu ventana. Decidiendo si formas parte de el o no. Meditando cada acción para no empeorar. ¿Dónde ha quedado la espontaneidad? ¿Se la ha llevado la juventud o la enfermedad?

Creyendo que tu vida anterior, era mejor y que ya nunca volverá. Creyendo que algún día mejorarás. Creyendo que la SQM es una gran desconocida y sin embargo, aquí está.

Estas son pequeñas reflexiones que enfermas como nosotras podemos tener. A lo mejor os identificáis con algunas de ellas, porque vosotros/as, al igual que nosotras, también habéis experimentado la cárcel de barrotes invisible. Aprendido que el día a día es una lucha continua, por eso, cuando nos veáis con una mascarilla con filtros de válvulas, que son las únicas que podemos llevar, no nos discriminéis, pues si alguien está en cuarentena permanente, esas somos nosotras.

¿Somos libres?

Tuve una profesora de psicología que decía, que las personas somos inteligentes, pues nuestros cerebros, tienen la capacidad de olvidar fragmentos de aquellas situaciones difíciles, para así poder superarlas.

Nos encontramos ante una difícil situación. El confinamiento ha quedado atrás y las ganas de salir son fuertes. No obstante, conforme los rebrotes van apareciendo la paciencia de los sanitarios va disminuyendo. 

Con la vuelta de esa “ansiada libertad”, que tanto se ha añorado; hemos vuelto a juntarnos, pues el ser humano es sociable, por naturaleza. Y parece que mi profesora tenía razón, pues el recuerdo de todo lo que hemos vivido queda como que muy atrás, a pesar de que solamente hayan pasado unos meses.

¿Es que, a caso, una simple tela que te tape la boca y la nariz, hace que no seas libre? ¿O lavarte las manos “mil veces” hace que no podamos seguir con nuestro día a día? ¿O mantener una distancia social, hace que no puedas disfrutar de la conversación?

Si has leído estas preguntas y has afirmado, no eres consciente de la suerte que tienes de no tener sensibilidad química múltiple.

Belleza real

Su coquetería y su sonrisa, eran sus mejores armas. Siempre divina, siempre bella. Con solo un guiño, levantaba pasiones y con una sonrisa locuras.

Cuando paseaba, no había mirada que se le resistiera, y cuando subía una fotografía a sus redes sociales, las colapsaba.

Para ella, maquillarse y abrir el vestidor eran sus rituales. Se tomaba su tiempo, quizá con una buena taza de chocolate, mientras lo pensaba. No le importaba el tiempo que gastaba, sino el resultado. Debía estar perfecta. Debía sonreír en todas las fotografías. Debía enseñar al mundo que ella era ideal, su idónea vida.

Conforme pasaba el tiempo, su ritual se hacía cada vez más lento y más tedioso. Hasta la taza de chocolate ya no le parecía tan placentera. Y poco a poco, fue descubriendo que no necesitaba maquillarse para sentirse bella, que ella ya lo era. Que no necesitaba la aprobación de los demás para encontrar su propio camino, pues simplemente, necesitaba volver a conectar con ella misma. Que no necesitaba mil modelitos para lucirse, pues ya brillaba en sí misma. Descubrió que no debía suprimir su ritual, pues seguía siendo muy coqueta, simplemente adaptarlo a su nueva forma de vida, en la que los productos sintéticos no tenían cabida.

Covid y encefalomielitis miálgica

Había pasado de estar de pie, a estar siempre tumbado, era una necesidad, no un vicio. No era capaz ni de beber agua por él mismo, necesitaba a alguien que lo alimentara. No era capaz de permanecer dos horas fuera de la cama, bueno sí, siempre y cuando fuera al sofá y permaneciera sentado o tumbado.

No podía hacer un mínimo esfuerzo, ya que sus piernas se habían convertido en losas de 100 kilos y era incapaz de moverlas. Y cuando por fin, lo conseguía, las consecuencias eran siempre las mismas: permanecer en posición horizontal, para recuperarse del mini esfuerzo.

Para distraerse veía las noticias en el ordenador, pero al cabo de un corto tiempo, tenía que parar pues empezaba a marearse y sentirse agotado, debido a que en vez de leer palabras, solo veía letras apelotonadas y sin sentido.

Llegó un momento, en el que llamó a la cama: “potro de tortura”, pues necesitaba dormir pero le era imposible, el insomnio lo acechaba, noche tras noche. Y podría seguir así, con muchos más síntomas y ejemplos, hasta completar folios y folios. Pero no quiero deprimir a nadie, solo quiero escribir una realidad, que durante años ha estado presente, pero poco visible; y ha tenido que venir el SARS-CoV-2 a nuestras vidas, para que los enfermos de encefalomielitis miálgica seamos escuchados. Ya que una de las consecuencias de los enfermos de coronavirus, es la similitud que tienen con la encefalomielitis miálgica. Y es una lástima que el coronavirus nos de visibilidad, pero no voy a desaprovechar esta oportunidad, y por eso he decidido escribir este texto.

Remar contracorriente en un mar embravecido

  Esforzándose por sacar su mejor sonrisa.

  Esforzándose por luchar día tras días.

  Esforzándose por obtener lo mejor de ella.

  Esforzándose por no quejarse, aunque su cuerpo se lo pida a gritos.

Y esto es lo que recibía:

  Cansancio de hirientes comentarios.

  Cansancio de ir a contracorriente.

  Cansancio de dar explicaciones.

  Cansancio de incomprensión.

  Cansancio de seguir continuando.

 En definitiva, cansada de estar cansada.

Hasta que un día comprendió:

    Que los comentarios hirientes, eran críticas constructivas.

    Que ir a contracorriente significaba, ser ella misma.

    Que dar explicaciones, era contar cuentos para niños.

    Que la incomprensión era fruto de la desinformación.

Aprendió que para seguir luchando, debía escuchar a su cuerpo primero. Debía conocer sus enfermedades y así enfrentarse a sus retos.

No, no puedes hacer todo lo que te propongas, puedes hacer lo que tu cuerpo te permita

¡Lucha por tus sueños!

¡Se fuerte, tú puedes!

¡Si lo deseas, lo conseguirás!

¡Arriésgate por tus anhelos!      

Estos son algunos ejemplos de frases motivantes, que seguramente habrás oído y por qué no, algunas veces las habrás puesto en práctica.

Sin embargo, en muchas ocasiones, no podemos hacer todo lo que nos proponemos, sino lo que nuestro cuerpo nos permite. Por lo tanto, seamos conscientes de nuestras limitaciones y adaptemos nuestros sueños. Avancemos con pasos firmes y pequeñitos, para que cuando nos caigamos por el camino, sea más fácil levantarnos, y así conseguir los objetivos que nuestra salud nos permite.  

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