Buenas noticias

Hablando por teléfono con un amigo, me comentaba que con todo esto del coronavirus, las buenas noticias no son fáciles de encontrar. Y cuando terminó la conversación me puse a pensar en ello.

Y al igual que a él, y en términos generales, a mi también me costó encontrarlas. Es decir, al encender la televisión, el móvil, el ordenador… las aciagas informaciones sobre el virus te asaltan. Hablan de esperanza cuando comentan los procesos de las vacunas. Pero hay tanta desinformación en un mundo tan informado, que ya no sabes que es cierto y que es falso.

Después de darle varias vueltas a este tema, he llegado a la conclusión que las buenas noticias las tenemos que construir nosotros mismos. Que somos nosotros, los que hacemos pequeños esfuerzos diarios para seguir luchando por nuestros objetivos y al cumplirlos tenemos esas buenas noticias tan deseosas.

Mil respuestas

Los niños, están “llenos” de preguntas. Se interesan por todo. Algunas te parecen divertidas, y piensas: que listo es mi chiquillo/a, y otras te desesperan, como por ejemplo: ¿cuándo llegamos, cuánto falta, queda mucho?

Y ahora, somos nosotros, los adultos, los que nos hacemos mil preguntas y al igual que los niños, queremos esas mil respuestas.

Para quedarnos más tranquilos, buscamos esas respuestas de diferentes maneras. Pero llega un momento, en el que o bien hay demasiada información al respecto, o no somos capaces de “digerirla”. Y entonces, después de mucho investigar, preguntar… nos damos cuenta de que hay que asimilar la situación. Hay que asimilar que los patrones de conducta están cambiando. Hay que asimilar que muchas personas enferman debido al virus. Esa personas enferma, tendrá que asumir su enfermedad, es una tarea ardua y complicada, pero no imposible, ya que sino interiorizas tu enfermedad no podrás luchar por tu día a día.

A flor de piel

Han sido muchos días de aislamiento, y es allí donde las emociones fluyen y se magnifican; pues hemos tenido mucho tiempo para la introspección. Y ahora, que se han recobrado las “fuerzas psicológicas” y las medidas de contención del virus no son tan extremas, las emociones se expresan de mil maneras, como por ejemplo: reuniones familiares, manifestaciones, no fiestas etc.

Vemos situaciones que nos parecen extrañas, hasta para este año tan raro. Nos estamos convirtiendo en un gran “experimento humano”: personas que cumplen las normas a raja tabla, otras que necesitan socializarse con la familia, amigos y preparan fiestas, aquellas que tienen miedo y lo expresan gritando a los que no cumplen las medidas establecidas…

En definitiva, las emociones están “a flor de piel”.

Nadie nos ha preparado para esto, pero es que tampoco nadie nos prepara para la vida; tus allegados te pueden aconsejar pero eres solamente tú, quien vive tu propia vida.

No dejemos que este “experimento” pueda con nosotros, pero tampoco dejemos que esos días de aislamiento rijan nuestro presente. Pues cuando llevas años aislada, tus sentimientos se pueden convertir en tu mayor enemigo, la tristeza, la melancolía o incluso la ira  se pueden apoderar de ti, y volver a tu propio yo, es complicado, pero nunca imposible.  

¿Somos libres?

Tuve una profesora de psicología que decía, que las personas somos inteligentes, pues nuestros cerebros, tienen la capacidad de olvidar fragmentos de aquellas situaciones difíciles, para así poder superarlas.

Nos encontramos ante una difícil situación. El confinamiento ha quedado atrás y las ganas de salir son fuertes. No obstante, conforme los rebrotes van apareciendo la paciencia de los sanitarios va disminuyendo. 

Con la vuelta de esa “ansiada libertad”, que tanto se ha añorado; hemos vuelto a juntarnos, pues el ser humano es sociable, por naturaleza. Y parece que mi profesora tenía razón, pues el recuerdo de todo lo que hemos vivido queda como que muy atrás, a pesar de que solamente hayan pasado unos meses.

¿Es que, a caso, una simple tela que te tape la boca y la nariz, hace que no seas libre? ¿O lavarte las manos “mil veces” hace que no podamos seguir con nuestro día a día? ¿O mantener una distancia social, hace que no puedas disfrutar de la conversación?

Si has leído estas preguntas y has afirmado, no eres consciente de la suerte que tienes de no tener sensibilidad química múltiple.

Cárcel de barrotes invisibles

Viviendo en tu propia cárcel de barrotes invisibles, viendo el mundo pasar a través de tu ventana. Decidiendo si formas parte de el o no. Meditando cada acción para no empeorar. ¿Dónde ha quedado la espontaneidad? ¿Se la ha llevado la juventud o la enfermedad?

Creyendo que tu vida anterior, era mejor y que ya nunca volverá. Creyendo que algún día mejorarás. Creyendo que la SQM es una gran desconocida y sin embargo, aquí está.

Estas son pequeñas reflexiones que enfermas como nosotras podemos tener. A lo mejor os identificáis con algunas de ellas, porque vosotros/as, al igual que nosotras, también habéis experimentado la cárcel de barrotes invisible. Aprendido que el día a día es una lucha continua, por eso, cuando nos veáis con una mascarilla con filtros de válvulas, que son las únicas que podemos llevar, no nos discriminéis, pues si alguien está en cuarentena permanente, esas somos nosotras.

Arco gótico

Lo que más le gustaba de su casa, era el imponente arco gótico, que te daba la bienvenida cuando entrabas, a través de el, observaba la vida pasar: veía las inocentes sonrisas de los niños y las pícaras sonrisas de los mayores. Las pausadas conversaciones de los ancianos y las precipitadas conversaciones de los jóvenes. Un mundo lleno de contrastes, del cual él, ya no formaba parte, pues su debilitada salud, se lo impedía. simplemente, se conformaba con estar allí, sentado al lado de su majestuoso arco y observar. Si tenía suerte de que nadie le vigilara, aprovechaba la situación, para disfrutar de un buen vaso de whisky añejo.

Su tiempo de aventuras, había terminado, solo le quedaban sus historias y no dudaba en relatárselas a sus nietos, siempre que tenía ocasión de hacerlo. Pues quería construir un legado, ya que su frágil cuerpo pronto descansaría.

Un día, unos nietos alegres y sedientos de historias, vieron esa vieja mecedora del abuelo vacía, el arco majestuoso ya no les causaba admiración, y en esa mesita, donde apoyaba su whisky, había una nota, dirigida hacia ellos:

«Muchas han sido las aventuras que he vivido, algunas con final feliz y otras con finales muy distintos. Muchas han sido las veces que me he equivocado, y muchos han sido los problemas que he tenido, ya que detrás de un final feliz, hay errores, dificultades…pero siempre he buscado una solución, nunca me he rendido. Algunas veces errónea otras veces acertada; pero siempre he elegido la opción que me dejaba dormir tranquilo.

Construid, vuestras propias aventuras, pues aunque ahora no lo creáis, algún día, disfrutaréis de una buena copa, una buena mecedora y unas sonrisas pícaras. Pues la vejez,o la fragilidad de vuestro cuerpo, os llegará, y recordaréis vuestras aventuras con orgullo, disfrutad de ellas, con prudencia y cabeza. Ya que estoy convencido que una buena historia es aquella que hace que vosotros, mis nietos sonriáis».

¿Y si no tuviera este regalo?

¿Y si no hubiera estudiado? ¿y si no te hubiera conocido? ¿y si me hubiera mudado al extranjero?…

Cuantos y si hubiera… La vida está llena de ellos, de decisiones. A veces difíciles, otras veces fáciles; pero siempre intentamos solventarlas lo mejor posible.  

Sin embargo, hay algunos y si… que no son fáciles de solucionar. Por ejemplo: ¿y si no hubiera estado enferma? Seguramente, no le hubiera dado tanto importancia a la salud, como se la doy ahora. Pues he descubierto que es un regalo que hay que conservar.

El pasado ya no se puede cambiar, pero sí el presente. Y por eso yo cuidaré de mi tesoro e intentaré tomar mis propias decisiones.

Rebrotes

Que fácil es echar de menos algo, cuando no lo tenemos. No somos conscientes de que lo necesitábamos, o lo queríamos, hasta que nos lo han quitado, o simplemente, nos hemos acostumbrado y ya no nos podemos desprender de ello.

Meses atrás nos quitaron nuestro tiempo de ocio social, y ahora, lo estamos reivindicando: el bullicio de las calles, contrasta con aquel silencio, que parece ya olvidado.

No digo que las calles no vuelvan a tener vida, pero no debemos olvidar por todo lo que hemos pasado, pues el ser humano es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra, hagamos que solo sean dos, como el dicho popular, y esta “fase” de rebrotes se termine aquí.

Diferentes oportunidades

Tantos sueños, ilusiones, pasiones por cumplir. Su vida era como un lienzo en blanco, tantas aventuras por recorrer, frustraciones por descubrir…

Y de repente, un día todo cambió. Sus sueños se desvanecieron, sus ilusiones se entristecieron y ese futuro incierto pero lleno de aventuras, se truncó.

  • Demasiado pronto aprendió, que la vida está llena de obstáculos y que hay que caerse muchas, muchísimas veces para superarlos.
  • Demasiado pronto aprendió, que la vida no la rige tu espíritu sino tu cuerpo.
  • Demasiado pronto aprendió, que la vida está llena de sacrificios.
  • Sin embargo, demasiado tarde aprendió, que la vida está llena de oportunidades, acordes a tus posibilidades.

Que tu salud, no sea una enemiga sino una amiga.

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