La lucha contra nuestros propios miedos

Luchar contra tus demonios interiores para no caer en la soledad y esta sea tan oscura que te lleve al suicidio. Difícil situación, pero no imposible. La importancia del profesional y la confianza que tengas hacia ellos, para salir de esa situación.

Debido a la pandemia, se está hablando mucho sobre la salud mental, y la importancia de la misma. Parece que a tenido que venir un virus maligno para visualizar algo que siempre ha existido. Para que nos demos cuenta de la vulnerabilidad del ser humano.

Andando hacia un incierto futuro

Conforme iba andando, iba dibujando un mapa en su cabeza, cada árbol, camino, riachuelo… que observaba se quedaban grabados en su mente. No quería olvidar nada. Pues se marchaba con la intención de que un día no muy lejano volvería, y le gustaría poder ver cómo ha cambiado el paisaje, observar con detenimiento el paso del tiempo en ese árbol que un día dejó atrás. 

Con cada paso que daba, el dolor de cabeza y el cansancio aumentaban, las piernas cada vez le dolían más y más,  hasta tal punto que ya no podía ni andar, y además el dolor de estómago era insoportable. Su cuerpo solo pedía una cosa: comida. Y de momento esa petición era inviable. Como ya no podía caminar, por más que lo intentaba se tambaleaba hacia ambos lados de su frágil cuerpo y no conseguía ni siquiera dar, un pequeñito paso. Su adolescente hijo, la agarró fuertemente de su cansado brazo y tiró de ella. Darian, era muy consciente del gran trayecto que les quedaba por recorrer y que posiblemente su madre terminara con el brazo casi inservible, pero mejor eso que muerta de hambre.

Y mientras era “arrastrada” por su propio hijo se sumergía en lo más profundo de su propio ser y se olvidaba de todo. Por un instante era feliz, recordando su antigua vida  en la que era la protagonista de una historia apasionante y llena de nuevos e ilusionantes proyectos.

Pero cuando abría los ojos, se topaba con la desgarradora realidad de la que estaba huyendo, de ese anaranjado cielo y estridentes sirenas. De esa penetrante pólvora y ensordecedores llantos, sintetizando, de una ficticia realidad.

Y en mitad de todo ese caos, ella solo podía pensar en una cosa: salir de ahí, con vida y con hijo.

Ya no seré la misma

Observando a sus amigas charlando y riendo tomando un te en una cafería recién inaugurada, desconectando de un arduo día de trabajo, pensaba: ya no podré ser la misma, mi cansado cuerpo ha doblegado a mi indomable espíritu, y no sé cuándo seré capaz de recuperar aunque solo sea un trocito de mi anterior vida.

Pues como bien pensaba, desde hacía unos cuantos meses, que ya no era la que era. Fue a la cafetería obligada por si misma,  no podía defraudar a Erik, pues la ilusión de él, por la apertura de su nuevo negocio, la invadió desde que vio aquellos indescifrables bocetos. Y varios meses después allí se encontraba, los garabatos se convirtieron en realidad, y nunca hubiera imaginado que esos papeles que con tanto mimo guardaba su amigo, se convirtieron en su cafetería favorita. 

Pero a pesar de la belleza que emanaba el lugar, ella se encontraba distinta, cambiada, poco a poco se estaba dando cuenta de que ya no podía hacer tantas cosas como antes. Pues al escuchar la conversación de sus amigas descubrió las excursiones, fiestas… a las que ella no pudo ir, y solo podía escuchar las siguientes frases, las cuales resonaban una y otra vez en su cabeza: “solo faltabas tú, te lo hubieras pasado muy bien, te hubiera gustado mucho, a la próxima no puedes faltar” y en vez de sentirse culpable por no haber podido acudir, se sentía bien, porque descubrió que ya no era la misma, ni era mejor ni peor simplemente distinta.

Con paso firme hacia su sí

Con esa pasión que tanto la caracterizaba, se dirigía hacia el altar. Se sentía poderosa y segura de sí misma, pues todas las miradas estaban puestas en ella y eso le apasionaba. Ser el centro de atención es algo que desde pequeñita le encantaba, pues nunca tuvo el cariño de sus padres y lo buscaba en otros.

Así que, el día de su boda, acaparando todas las miradas se encontraba feliz. No solamente porque se casaba con la mujer que tanto idealizaba sino porque por fin iba a ser parte de un todo y sus problemas y alegrías ya no serían  de ella sola sino de dos. Quería a esa chica, no tanto como se imaginaba en sus cuentos de niña, pero es que, al fin y al cabo los cuentos, cuentos son.

Su futuro ¿soñado?

Un día, su pareja le miró a los ojos y le dijo: ¿realmente quieres seguir así? ¿es así cómo imaginabas tú futuro? ¿qué fueron de esos jóvenes ojos, ya se han cansado de soñar?

Míranos, esto no estaba en nuestros planes: esta casa, este coche, este niño ¡todo! Es distinto, nada estaba planeado, y sin embargo aquí estamos, nuestras decisiones nos han traído a este momento.

No te diré que estoy arrepentida de nuestra vida, pero te diré, que la diversión ha sido reemplazada por la madurez, y no sé si me gusta. Cuando era niña quería crecer y ahora que ya lo he hecho, quiero volver a la niñez.

Le he dado muchas vueltas a este asunto, tantas, que ya no soy capaz de diferenciar lo que es real e irreal, pues he fantaseado tantas veces con otra realidad que ya las confundo; y pienso que estoy viviendo una vida paralela en la cual el estrés y el sufrimiento no existen. Pero luego, cualquier aspaviento o sonido, me traen de vuelta a la realidad y me doy cuenta que esa vida paralela solo ocurre en mi interior. Que en mi vida; sin estrés no hay tranquilidad y que sin sufrimiento nunca conseguiré mis objetivos. Y es por este motivo, por el que deseo seguir viviéndola contigo, con vosotros, no solo para que me ayudes en los momentos de debilidad sino que, para cuando volvamos la vista atrás, disfrutemos de nuestros logros conseguidos y recordemos estos momentos de incertidumbre como parte de nuestra madurez espiritual.   

Y así sin más, se fue

Y se fue, así sin más, dejando lo que más quería, a nosotros. Se fue con la lección bien enseñada, pues él siempre fue un gran docente.

Se fue, sabiendo que esta vida es finita y que todo lo que tenía que enseñar ya lo había enseñado.

Se fue, tal como llegó, con mil y una preguntas sobre el funcionamiento del mundo. Quizá hubiera querido aprender más, pero ya no tuvo tiempo.

No obstante, se fue sabiendo que su amor y cariño, siempre fueron correspondidos y eso hacía que compensara el no entender esas modernas tecnologías.

Y sobre todo, se fue con la frase que tantas, y tantas veces repetía: “apréndetelo ya, que algún día yo no estaré aquí para recordártelo”.

Pero no se fue solo, se fue con su compañera de vida, a la que tanto admiró y tanto amó.

Ellos dos, nos enseñaron una de las lecciones más bonitas de la vida: a pesar de las discrepancias, siempre volvían a estar juntos.

El conflicto de elegir

Cansada y abatida, así se encontraba ella ante la gran decisión que iba a tomar. Ya había pensado suficiente y aun así, no encontraba una solución factible.

Ya no tenía tiempo para pensarlo más, tenía que tomar una decisión que le acompañara el resto de su vida y cambaría su presente y futuro.

No quería errar en la decisión, ni tampoco delegar la respuesta. Pero necesitaba que alguien le diera un buen consejo. Sin embargo, una y otra vez, le decían que esa decisión era solamente suya y tendría que acarrear con las consecuencias su decisión.

Con forme pensaba en la respuesta, ya que el tiempo apremiaba, la habitación se estaba haciendo cada vez más y más pequeña, no podía con todo aquello pero debía hacerlo. Debía dar una respuesta y debía darla ya, no podía esperar.

¿Elegiría la opción más fácil o la más difícil?

¿La más políticamente correcta o la menos diplomática?

¿La que más beneficios económicos le reportara o la más ética?  

¿La que velara por su propio bienestar o la que se preocupara por los demás?

Xánara

-¿ Por qué no lo entiendes, o no lo quieres entender? ¿Por qué las respuestas a todos los problemas la tengo que dar yo, sin la ayuda de nadie, es decir, sin tú ayuda? ¡Déjame vivir y tomar mis propias decisiones, no quiero que me influyas y me obligues a hacer algo que no quiero! Tal vez, haces esto, porque sabes que conmigo no vas a tener consecuencias, que me callaré y no te diré nada y seré yo, quien asuma las consecuencias de tus decisiones, pues siempre soy yo, quien da la cara por ti. Pues eso, querido mío, se llama cobardía y ya estoy harta, y por fin, soy lo bastante valiente como para poder decírtelo a la cara y además, ya no tengo miedo de tus consecuencias. Pues he aprendido que detrás de estas paredes, hay una nueva vida que me está esperando. Le dijo Xánara a su pareja, con valientes palabras, pero con una pequeña mueca de miedo en sus ojos.

Y en ese preciso instante, se dio cuanta de que por fin, después de tantos años, era libre y descubrió que no sabía qué hacer con esa libertad.

Aprovechando que su pareja estaba en shock, pues nunca se hubiera imaginado que su dulce Xánara le dijera esas palabras, salió de casa y observó que aunque eran las mismas calles, casas, tiendas… había algo en ellas que hacían que le parecieran totalmente diferentes.

Paradójicamente, experimentando su libertad se encontraba perdida, desubicada y buscó su camino en casa de su amiga, pero doy la casualidad que esta no se encontraba allí y otra vez más, no sabía a dónde ir. Por lo que se sentó en el primer banco que encontró y simplemente, observó cómo pasaba la vida a su alrededor. Vio a un niño regordete jugando con una pelota y el padre gritándole porque ya era hora de volver a casa. También observó, en el banco contiguo, a unos adolescentes besándose y parecía que a ellos, al igual que al niño, el tiempo se les detenía.

Y sin embargo, a ella, el tiempo se le pasaba rápido, casi agobiante y sin saber que hacer.

Y cuando por fin, se decidió a hacer algo: levantarse de ese banco e ir a una heladería, pues le apetecía un helado; ya que su pareja le controlaba hasta lo que comía. Se lo encontró, delante de ella y con cara de pocos amigos.

En un movimiento rápido, agarró a Xánara de los brazos y la empujó hacia él, acción de la que tantas veces la tenía acostumbrada. Pero en ese mismo instante, ella gritó e intentó zafarse, acto que nunca antes había hecho, pero es que ya no era la misma chica de siempre.

Y fue gracias a los gritos de ella, que esa pareja de enamorados adolescentes, rápidamente fueron a ayudarla, tal vez, fuera por la impulsividad de la edad o porque experimentaban un auténtico noviazgo, hicieron que su pareja saliera corriendo y se retractara como lo que era, un cobarde que nunca tomaba las decisiones directamente, sino camufladas en otra persona.

La supervivencia del dolor

¡Ayuda, estoy aquí! Gritaba desesperada, no conseguía hacerse oír, pues cada vez sus gritos eran más y más débiles, y tampoco lograba que la viesen, empezaba a sentirse desesperada y murmuraba a la nada. Ya no sabía qué hacer, estaba bloqueada. No era capaz de pensar con claridad y lo único que quería era salir de allí lo más rápido posible.

Pero esto era algo que tardaría en suceder, para ser más concreto pasarían dos horas hasta que un alma caritativa se percatara de su presencia y quisiera ayudarla.

Mientras tanto, su agonía persistía, se centraba en su respiración para no sucumbir al penetrante y persistente dolor, pero era imposible, terminó siendo presa de él. Así que, cuando la rescataron no era consciente de lo que estaba sucediendo.

Nunca se hubiera imaginado que el dolor podría ser más fuerte que la supervivencia, pero descubrió que así era, que en determinadas ocasiones, el intenso dolor sucumbe a las fuerzas más poderosas.

Su nuevo yo

Sumida en el más profundo sueño, su subconsciente empezaba a fluir, y sus más profundos y oscuros deseos veían la luz.

Esos deseos de los que ella, nunca hablaría con nadie e incluso sentiría vergüenza de ellos.

Pero el subconsciente es así, nunca miente y si entras en ese trance, ves un mundo totalmente ajeno al que conoces, más visceral y animal; y resulta que esa nueva personalidad un tanto extravagante y muy impulsiva, le gustaba, totalmente distinta a la chica de su consciencia. ¿Tal vez, su subconsciente, le estaba diciendo algo y debería aprender de él? O tal vez, ¿debería hacer caso a su consciente? Pues al fin y al cabo, en su vida diaria se rige por él. Pero ella se encontraba muy a gusto, descubriendo su nuevo yo, y entonces se hizo la siguiente pregunta: ¿podría ser la mezcla de ambos?

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