Erea

Sentada en el extremo más opuesto de la mesa, intentando pasar desapercibida, allí se encontraba Erea, tan elegante y distante como siempre, su largo cabello caoba caía sobre su espalda como el agua de una cascada, y sus grandes y oscuros ojos, hacían que no dejaras de mirarla ni por un solo instante. Y así, sin querer atraía las miradas que ella nunca quería.

Educada y con la dulzura que tanto la caracterizaba, participaba en las conversaciones de los comensales, pero lo que ella realmente quería, era observar, y no ser observada. Contemplar hasta el más minúsculo detalle de quienes compartían la misma mesa que ella y así poder aprender de ellos.

Que esta cena esté llena de dulce prudencia y sabrosas alegrías.  Felices fiestas.  

Publicado por Mayttet

Disfrutemos de la escritura.

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